sábado, 26 de septiembre de 2020

Step one

Una tiene que agradecer que, aun con todo el drama que nos rodea, aun con el acecho constante de la fatalidad, todavía tenemos ánimo e inventiva, imaginación y fantasías, anhelos constantes que nos dan esperanzas y ganas de seguir con este asunto de vivir y soñar, de permitirse creer que hay algo parecido a la felicidad que nos está esperando. Sólo tenemos que ser pacientes o, como parece ser en mi caso, abrir los ojos.

Y estaba en esas de abrir los ojos, en ese momento específico por estar sin lentes y tener que prestar doble atención a lo que me rodeaba mientras caminaba por la calle, cuando fui consciente, con consciencia tardía eso sí, de aquella oportunidad descartada, de mi negativa a entregarme a nuevas experiencias, de no darme ni dar oportunidad a aquello que venía proponiéndose de forma esporádica pero vehemente, de espantar, a veces con tino y otras con poca consideración, toda tentativa de relación.

No voy a decir que tanto rechazo fuera gratuito, puesto que hasta hace poco más de un año yo estaba sumida en una enfermiza obsesión que acaparó una importante etapa de mi vida, pero así como me consumió, me liberé de la misma en un periodo considerablemente corto que, después de la acostumbrada etapa de “duelo“, me trajo nuevas perspectivas, todas alejadas de lo romántico, creyéndome ya negada para esos trajines.

Divago.

Caminaba, con ojos bien abiertos, pero distraída igual en pequeños pensamientos irrelevantes que día a día hacen su paso fugaz por mi mente, hasta que el shuffle trajo a mis oídos una canción bastante conocida y reproducida, pero que en ese momento, en ese entorno, en ese ánimo concreto, se proyectó a imágenes futuras (o no) que me generaron tal estado de emoción y añoranza que me hicieron replantear lo que quiero para mí, lo que necesito, lo que merezco.

¿Qué tocaba hacer?

Después de tan inesperada epifanía, pasado el sofocón (sí, sofocón), aplacé el debate interno hasta el momento en el que me encontrara en un entorno más amigable. Así que esperé al final de la jornada para pensar y darle vueltas a esa idea, a esa locura que poco a poco empezaba a tomar forma, dándome cuenta de lo que dejé pasar, de no haber valorado en su real dimensión aquella posibilidad, de cerrarme de plano a todo lo que saliera de esa obsesión que me dominaba por completo. Me vi por primera vez ajena a toda carga tóxica y vislumbré cómo sería una vida comprometida y entregada a un sentimiento, a una relación, sin carga ni culpa, un vínculo sano y, sobre todo, correspondido y entregado, tal y como siempre ideé.

Y llegó la tan temida ilusión.

Definitivamente no pudo llegar en un peor momento, donde la distancia física se torna obligatoria y donde mi radio de acción se ve limitado a una insulsa conversación vía WhatsApp. Me niego a ello y espero, espero y espero, casi como él lo estuvo haciendo durante tanto tiempo, para poder iniciar un contacto más directo, para poder exponer mis sentimientos y explicarlos, para que se entiendan y se perciban verdaderos y no producto de una idea pasajera.... Rogar a todos los cielos que se abran y me den esa oportunidad.

Soy egoísta porque espero su disponibilidad.

Soy realista porque una negativa, una duda o un veremos son respuestas esperables.


¿La canción del antes y después? Sólo habrá un modo de saberlo.

Dando el primer paso.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario