Lesson nine
Fantasear está bien, te llena la mente de imágenes que hacen zapatear tu corazón en el buen sentido, te transportan a momentos no vividos pero que pueden volverse reales si sabes mover las fichas que el destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan, te pone delante. El optimismo estúpido.
Porque mi fantasía, aquella que se alojó en mi cabeza mientras andaba con Chloe transitando las salvajes pistas de la ciudad, pensando en todo menos en el auto que estaba a punto de cerrarme el paso, esa fantasía vendría a ser LA fantasía, una que pensé enterrada y superada, pero que sólo me ha traído miseria, angustia, desesperanza y, como si no fuera suficiente, ilusión. Todo para hacer de mi día a día algo más caótico, aún con esta calma siniestra, cortesía pandémica.
Y esta fantasía me hizo, por cortos y alucinantes segundos, la mujer más feliz del mundo, pintándome una historia de amor perfecta, con esta persona a mi lado, confesándome sus sentimientos por largo tiempo negados y dispuesta a vivir el resto de su vida conmigo, tomándonos de la mano y mostrando al mundo lo que es la felicidad plena. No podría recrearlo con nadie más.
Pasa que esta fantasía tiene rotulada la palabra IMPOSIBLE por todas partes, lo supe siempre y a pesar de eso mi cerebro traicionero la desarrolló a su antojo, trayéndome las ideas más descabelladas en los momentos más inesperados e inoportunos.
Es por eso que, desoyendo al sentido común y la prudencia, cierro los ojos mientras pienso: "parece (sólo parece) que no puedo hacerte mía...."
No hay comentarios.:
Publicar un comentario