miércoles, 12 de febrero de 2020

Nuevos lazos

Mientras me desenvuelvo en mi cómoda rutina, pienso en las pocas, casi nulas, oportunidades que le doy a la vida para que me sorprenda con algo, camino por el mismo sendero y vivo tranquila sabiendo que mañana, pasado y pasado, seguiré envuelta en mi cotidianidad. Me gusta lo conocido.

Es por eso que ahora me encuentro casi sin reacción al verme envuelta en una situación inesperada que nunca vi venir y de la cual responsabilizo enteramente a mi mala cabeza que nunca ha servido para alejarme de los problemas.

Y el problema, ahora, se llama Maite.

Maite es joven (algo que, a mis treinta y cuatro, ya puedo decir de un tercero), alegre, decidida, efusiva, casi sin malicia y linda. Muy linda. Y le apasiona, casi con la misma intensidad que yo, el fútbol. Y su carcajada con cada cosa estúpida que digo me hace sentir gigante. Y su alegría, casi permanente, en lugar de molestarme o producirme envidia, me contagia y me activa. Podría ser mi amiga, una muy buena amiga.

Pero ahora es cuando entra a tallar mi naturaleza complicada y ya puedo un día cancelarle una salida con la excusa más absurda para al otro día proponerle una salida bajo cualquier pretexto. Actitudes todas dominadas por el miedo a lo desconocido, así lo desconocido tenga la pinta increíble de Maite. Y Maite casi siempre se encuentra con la mejor disposición, haciendo que su encanto me haga olvidar mi prudencia (o cobardía) y le dé rienda suelta a mi imaginación que, para estas cosas, es bastante fértil.

No sé leer entre líneas y tampoco capto las señales, actúo por puro instinto y ese instinto me dice ahora que debo mostrarme un poco más “receptiva” ante Maite, tal vez tomar una iniciativa que nunca he tenido, por ahí que sugerir actividades distintas que se desarrollen en ambientes menos convulsos que un estadio de fútbol. Soñar despierta produce una satisfacción única que había olvidado que podía sentir.

Creo que, después de tanto tiempo entre las tinieblas, merezco vivir una experiencia ajena a agentes nocivos que durante años me hicieron creer que era lo normal sufrir, desvelarse y aceptar de todo con tal de mantener lo que, en buena cuenta, no me hacía feliz. Cualquiera diría que después de tanto trastorno, debería aplicarme un año sabático de relaciones, enamoramientos e ilusiones…. Pero soy ansiosa y se me da por querer vivir ya ¡ya! lo conocido pero en su versión sana.

A pesar de ello, no me ciego ante la más que probable posibilidad que todo esto quede en nada, sé que no sufriré ante una falta de respuesta positiva y previendo eso, como lo he sabido desde que inicié el post, sé que la historia con Maite quedará en una bonita y especial amistad.

Necesitaba este ejercicio de lo absurdo, estando los últimos meses sumergida en problemas que rebasaron mi capacidad de tolerancia y gestión, problemas de los que pude salir medio airosa y muy magullada y que me aleccionaron más de la cuenta en este asunto de madurar y tal. A veces preferiría vivir en la maravillosa ignorancia.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario