Nunca imaginé salir de aquella
sala de cine, donde se proyectaba una película para adultos, más irritada con
la gente que cuando me ha tocado acompañar a l@s sobrin@s a ver alguna película
infantil.
Oír las risitas estúpidas de unas
veinteañeras insulsas a mi izquierda y a mi derecha, los comentarios cursis de
una pareja que se pierde de mucho y necesita de la ficción para sazonar su
relación, todo eso pudo conmigo y me pasé el 80% de la película renegando ante
la inevitable imbecilidad de la gente. Que no soy perfecta ni mucho menos, pero
estoy segura que no hago más allá de ocupar un espacio (propiedad inherente de
cualquier materia) y respirar para que los demás se enteren de que alguien anda
por ahí.
No espero que el mundo entienda como
quiero que me trate, pero las cosas que yo considero elementales no tienen
mucha variación y es por eso que NO SOPORTO cuando algo sale de lo establecido
por mí. Si ves en la pantalla que el chico besa la entrepierna de la chica, NO
TE RÍAS…. Si ves en la pantalla un primer plano del trasero del chico, NO DIGAS
“OHHHHHH”…. Si ves en la pantalla cómo el chico le da nalgadas a la chica, NO CELEBRES
COMO SI LAS NALGADAS TE LAS ESTUVIERAN DANDO A TI.
He pensado regresar al cine para poder ver la
maldita película con algo más de tranquilidad, asistiendo a la primera función
programada, esa en la que entras y sales con el mismo sol, sólo así podré
terminar con el sueño recurrente en el que vierto ácido sobre la cara de los
asistentes con mi regadera jardinera.

joderrrr...al sauna urgente
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