jueves, 5 de marzo de 2015

La soga

Nunca imaginé salir de aquella sala de cine, donde se proyectaba una película para adultos, más irritada con la gente que cuando me ha tocado acompañar a l@s sobrin@s a ver alguna película infantil.

Oír las risitas estúpidas de unas veinteañeras insulsas a mi izquierda y a mi derecha, los comentarios cursis de una pareja que se pierde de mucho y necesita de la ficción para sazonar su relación, todo eso pudo conmigo y me pasé el 80% de la película renegando ante la inevitable imbecilidad de la gente. Que no soy perfecta ni mucho menos, pero estoy segura que no hago más allá de ocupar un espacio (propiedad inherente de cualquier materia) y respirar para que los demás se enteren de que alguien anda por ahí.

No espero que el mundo entienda como quiero que me trate, pero las cosas que yo considero elementales no tienen mucha variación y es por eso que NO SOPORTO cuando algo sale de lo establecido por mí. Si ves en la pantalla que el chico besa la entrepierna de la chica, NO TE RÍAS…. Si ves en la pantalla un primer plano del trasero del chico, NO DIGAS “OHHHHHH”…. Si ves en la pantalla cómo el chico le da nalgadas a la chica, NO CELEBRES COMO SI LAS NALGADAS TE LAS ESTUVIERAN DANDO A TI.

He pensado regresar al cine para poder ver la maldita película con algo más de tranquilidad, asistiendo a la primera función programada, esa en la que entras y sales con el mismo sol, sólo así podré terminar con el sueño recurrente en el que vierto ácido sobre la cara de los asistentes con mi regadera jardinera.



1 comentario: