Para los casi cinco años de vida que tiene este blog, y
comparándolo con estadísticas que presumo generosas en otras publicaciones, lo
mío queda un tanto magro.
Pero viéndolo de otro modo, siete mil visitas es una cifra
nada nadita desdeñable, un numerazo que ha elevado mi ego a niveles casi
argentinos y me impulsa a seguir con mis imprudencias y tonterías, viendo
además anónimos mensajes de gente que espera con ansias las siguientes
publicaciones y hasta me propone temas. Me sonrojo con tanta e inesperada
hinchada.
Si bien pude escribir con las mil, dos mil o tres mil
visitas, celebrando mi alcance de cuatro dígitos, me reservé para los siete
miles, por mi nada original inclinación hacia el 7 que tan bonito se ve en mi
fecha nacimiento, en el dorsal de Harry Potter cuando juega quidditch,
triplicada en las máquinas tragamonedas y siendo el cuarto número primo antes
del once, detalle recién descubierto que une tres referencia numéricas en un
vínculo muy apreciado.
Dicen que las fantasías son fantasías por su naturaleza
irrealizable, sin embargo trato de reponerme a ello para no sucumbir en lo
anodino, intentando trascender más allá de mi entorno, el cual, poco a poco y
sin buscarlo, se va ampliando.
Debo procurar que la fama no se me suba a la cabeza, los
sueños afiebrados no son aptos para (de)mentes frágiles.

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