martes, 13 de junio de 2017

Garbage's lessons (4)

Lesson four

Andamos todos crispados, muy crispados.

La culpa la tiene el introducir temas tan avanzados a nuestra limitada, pacata e intolerante sociedad, la que aún no desarrolla su lado empático y suele  tratar a las patadas a todo aquello que le perturbe o sea diferente.

Es así que tenemos en debate la mitológica “Ideología de Género”, la que según unos cuantos nostradamus, nos convertirá a todos en homosexuales, transexuales, intersexuales y demás, sin valores ni vergüenzas, pervirtiendo a nuestra inmaculada colectividad, imponiendo su doctrina (a lo secta religiosa) y pisoteando las buenas costumbres que siempre nos han caracterizado como país. Poco más que el infierno de Dante.

Y como debe ser, nuestros salvadores están en la lucha constante por poner al descubierto este lobby gay que busca introducirse sigilosamente en nuestros hogares, los enfrentan cara a cara y gritan a los cuatro vientos que #ConMisHijosNoTeMetas, #LaFamiliaEsPapáYMamá, #DiosCreóAdánYEvaNoAdánYEsteban y demás consignas/hashtag que alertan a la población y destruyen, con argumentos totalmente lógicos y debidamente fundamentados, que todo lo que difiera de su pensamiento es aberración y debemos mandarlos a la hoguera.

Pasa que ya no estamos en la Edad Media.

Pasa que ya sabemos que la Tierra es redonda.

Pasa que ahora tanto los rayos, truenos, centellas y demás cataclismos tienen su explicación en la ciencia y no en un dios castigador.

El miedo a lo desconocido genera intolerancia, odio y confusión. Basta que alguna autoridad deslice una iniciativa inclusiva, basta que la palabra “género” sea pronunciada en voz alta, para que los paladines de la decencia y valores morales salgan al frente y, cuales Panzers, ataquen sin piedad a los intentos por volvernos una sociedad desarrollada y humana. Humana.

¿Qué podríamos decirles a los chicos en formación? ¿Qué podríamos hacer con aquellos cuya naturaleza es calificada como anormal? ¿Cómo explicarles que el odio hacia ellos es totalmente gratuito e injustificado y que deben sobreponerse a ello sin desfallecer? ¿Cuántos más, que por sucumbir al rechazo y abuso, decidirán terminar con su vida? ¿Por qué debemos ceder ante los fundamentalistas que se amparan en una arbitraria mayoría para limitar los derechos de la (declarada) minoría?

Son preguntas que parecieran dejarnos sin esperanzas de un buen porvenir. Por suerte, existen personas con amplia tribuna que, en sus distintos espacios, transmiten mensajes de tolerancia, revolución y amor.

Por eso los adoro, admiro y amo.



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