lunes, 19 de junio de 2017

(Des)cubriendo

¿Cómo fue que supe lo que es el amor?

Mi primera experiencia pasó por todas las fases conocidas: sufrí, me esperancé, lo negué, renegué de él, lo idealicé pero nunca lo confesé, no a la persona que me provocaba más que mariposas. Lo que aleteaba dentro de mi ya tenía dimensiones de albatros, aunque igual de triste que el poema.

Qué podía saber del amor, si bordeando la base dos no había besado a nadie y mi único interés en una persona de carne y hueso fue tan absurdo que, hasta yo, con mi ignorancia de escolar alborotada, me encargué de olvidar ese absurdo que no duró más de una tarde.

Pero todo cambió de un momento a otro, contando con dieciocho años nada me preparó para la contundencia con la que fui noqueada. Ya la había escuchado cantar antes, pero aquella tarde, con su versión particular de Promises, esa canción sonó para mis oídos por primera vez con el único e involuntario propósito de hacerme perder la cordura, parte de ella al menos.

Padecí los efectos de aquel afecto, resignándome desde un inicio a la no correspondencia, puesto que encapricharme con lo contrario hubiera significado una pérdida aún mayor, lo que me sumiría en la peor de las miserias. Así de trágica era, nada diferente de lo actual.

Tuvieron que pasar sus pocos años para poder superar esa primera y frustrante experiencia, la que  no me dejó ni una puñetera enseñanza, puesto que en la segunda parte de mi historia particular, cometí todos los errores que pueden caber en un romance y más.

Procuro no desfallecer,  mantengo la esperanza de que esta descocida encuentre a su rot@.

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