Perder la cabeza, lo que se dice perderla, sí. Dos veces.
Hace poco me sinceré ante las amigas de siempre y admití lo
que ellas sospechaban desde siempre: me gustan las mujeres.
Después de tan esperada y nada sorpresiva revelación, vino
el interrogatorio de rigor, momento en el que hice unas cuantas precisiones….
- También me gustan los hombres
- Las mujeres me dan miedo
- Las mujeres somos jodidas
- No aguantaría a una mujer
- No, Nébula, nunca me sentí atraída por ti
- Mi única experiencia con una mujer consistió en unos cuantos besos
- Sí, Nébula, estoy segura
- No creo que intente algo con otra chica, me contentaré con admirarlas a la distancia
Hubo consenso en los puntos 2, 3 y 4, nos conocemos muy bien. Nébula hizo puchero
con los puntos 5 y 7, básicamente por una cuestión de orgullo. Desaprobación
general en el punto 6, la involucrada siempre les dio mala espina. Risas
incrédulas en el punto 8, pues piensan que pronto sucumbiré.
Extrañamente omitieron el punto 1, no sé si adrede o porque
era lo menos interesante del asunto. Asunto, vale decir, que fue el que me hizo
perder la cabeza por segunda vez, lo que trajo como consecuencia otras mini-perdidas
más que incluyeron arrinconamientos y mal simulados forcejeos que guardo en mi
memoria como simple estadística. En definitiva, dejando de lado la experiencia agridulce número 6,
es un hecho que sí me gustan las mujeres.
Perdí la cabeza dos veces, espero perderla una
tercera y mantener la cordura al mismo tiempo, para que se me permita conservar
a mi lado al motivo de mi locura. No se puede ni se debe ser racional en el
amor.
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