jueves, 4 de mayo de 2017

Oldie but goldie

He iniciado un “proyecto”, con socia y todo.

Soy muy nostálgica y añoro todo lo que en algún momento me hizo feliz o me hizo pasar buenos momentos. No desecho ningún recuerdo, todos los voy almacenando, listos para aparecer en el momento menos pensado (y más inoportuno, en algunos casos) y darme un golpecito de añoranza por lo vivido en tiempos más fáciles.

Es así que tengo mi radio web, la que está todavía en versión primitiva, ya que por algo se empieza, pero que me ha llenado de buenas vibras, me mantiene en la búsqueda casi constante de canciones olvidadas que fueron grandes éxitos en su momento y semana tras semana gana nuevos seguidores, gente extraña de todos lados que tiene afinidad con la música que dominó durante las dos últimas décadas (1990-2010). Las últimas que han valido la pena.

Debo decir que no es tarea fácil, la cantidad de alcohol consumida durante esos años, básicamente en mis veintes, ha destruido neuronas importantes y llevado a un lejano rincón de mi mente las canciones que instantáneamente me transportaban a mañanas soleadas sin ninguna obligación por delante, a jingles radiales que una tarareaba inconscientemente, a inocentes momentos de tensión cuando grababa en casete la canción que me gustaba, rogando que el DJ de turno no la malograra metiendo su voz al final.

La distribución de la música ha sufrido cambios considerables en los últimos tiempos, de pronto ya no es tan rentable la venta de discos, los álbumes se descargan directamente, la piratería cibernética hace su agosto y muchos de los artistas generan ganancias a través de sus conciertos. Todo pinta mal, igual que la calidad de lo ofrecido, puesto que no tengo artista o banda aparecidos en los últimos diez años que me encandile como los de antes.

A estas alturas, ya soy una ferviente creyente del “todo tiempo pasado fue mejor”.



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