He iniciado un “proyecto”, con socia y todo.
Soy muy nostálgica y añoro todo lo que en algún momento me
hizo feliz o me hizo pasar buenos momentos. No desecho ningún recuerdo, todos
los voy almacenando, listos para aparecer en el momento menos pensado (y más
inoportuno, en algunos casos) y darme un golpecito de añoranza por lo vivido en
tiempos más fáciles.
Es así que tengo mi radio web, la que está todavía en
versión primitiva, ya que por algo se empieza, pero que me ha llenado de buenas
vibras, me mantiene en la búsqueda casi constante de canciones olvidadas que
fueron grandes éxitos en su momento y semana tras semana gana nuevos seguidores,
gente extraña de todos lados que tiene afinidad con la música que dominó
durante las dos últimas décadas (1990-2010). Las últimas que han valido la
pena.
Debo decir que no es tarea fácil, la cantidad de alcohol
consumida durante esos años, básicamente en mis veintes, ha destruido neuronas
importantes y llevado a un lejano rincón de mi mente las canciones que instantáneamente
me transportaban a mañanas soleadas sin ninguna obligación por delante, a
jingles radiales que una tarareaba inconscientemente, a inocentes momentos de
tensión cuando grababa en casete la canción que me gustaba, rogando que el DJ
de turno no la malograra metiendo su voz al final.
La distribución de la música ha sufrido cambios
considerables en los últimos tiempos, de pronto ya no es tan rentable la venta
de discos, los álbumes se descargan directamente, la piratería cibernética hace
su agosto y muchos de los artistas generan ganancias a través de sus
conciertos. Todo pinta mal, igual que la calidad de lo ofrecido, puesto que no
tengo artista o banda aparecidos en los últimos diez años que me encandile como
los de antes.
A estas alturas, ya soy una ferviente creyente del “todo
tiempo pasado fue mejor”.
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