Lesson three
Dicen que nadie se conoce mejor que uno mismo, pero, en mi caso, estoy casi segura que fácil hay una o dos personas que me conocen y hasta predicen mis siguientes pasos con mayor precisión que yo.
Dicen que nadie se conoce mejor que uno mismo, pero, en mi caso, estoy casi segura que fácil hay una o dos personas que me conocen y hasta predicen mis siguientes pasos con mayor precisión que yo.
Excepto para el sexo.
Acá se da una extraña definición de “vasta experiencia
limitada”, puesto que practicar sexo lo he practicado y bastante; por tanto,
adquirí experiencia del acto. La limitación viene a presentarse por la cantidad
de participantes con los que he compartido faenas horizontales: dos. Y como
para darle algo más de realce al asunto, son personas de ambos géneros, uno más
que otra, sí, pero cuenta igual, vivimos en democracia.
Hasta antes de empezar, cargaba, como much@s, el complejo
aquel de que el sexo es sucio, un mal necesario para la reproducción humana y
que sólo debería practicarse dentro del matrimonio. Una vez reprimidas, a
medias, aquellas taras, quedaba el tema de los otros peligros que acarreaba el
sexo si no se practicaba con responsabilidad: infecciones, embarazos y experiencias
traumáticas que me alejaran definitivamente de las lides por temor a repetirlas.
Habiendo investigado y teorizado bastante sobre lo que podía y no debía hacer,
se podía decir que estaba lista para aventurarme, pero aún quedaba un pequeño
detalle al aire. No había con quién.
Si bien, desde que empecé a pensar en sexo, tuve muchas
ganas de experimentar, tenía mi lado romántico-conservador que me decía que
sólo debía ser con alguien especial y no como deporte, actividad favorita de
vari@s que, supongo yo, lo hacen por un tema de andar en la búsqueda constante
del colaborador eficaz. Transcurrían los años, las amigas ganaban terreno y el “alguien
especial” no se asomaba ni de chiste, así que empecé a plantearme la
posibilidad de declararme frígida o mandarme con el primer incauto que
apareciera y que me animara siquiera un poquito a darle curso. Y sucedió el
milagro.
Definitivamente me considero afortunada, en parte, por mi
historia particular. He oído, a veces con pena, otras con horror, historias
nada felices sobre las primeras veces de la gente, las mismas que resultaban
nada placenteras y que replanteaban muchas cosas en las personas involucradas.
Claro que también hay las historias divertidas con gente que decidió no darle
relevancia al asunto y que con el paso del tiempo fueron aprendiendo y disfrutando
del sexo como debe ser.
En mi caso sumaron varios factores, los meses de antelación
con el potencial candidato me fueron convenciendo que aquel era el “alguien
especial”, su experiencia previa me auguraba buen trato y, por si fuera poco,
me encontraba irremediable y culposamente enamorada, no había mucho (nada) que
pensar. Fue ahí donde acumulé experiencia tanto por frecuencia como por variedad
de repertorio, raramente nos imponíamos límites y llegamos a estrenarnos
mutuamente con varias cositas.
Viví la solución de la revolución, como dice mi adorada
Shirley….
True love is like gold
There's not enough to
go around
But then there's god
and doesn't god love everyone?
Give me a choice
Give me a chance to
turn the key and find my voice
Sex
is not the enemy
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