viernes, 10 de marzo de 2017

To Susan....

Salí del cine, perpleja por lo que acababa de ver.

Días antes, conversaba con un amigo sobre la venganza, cómo yo veía el asunto, con mis dudas al respecto y mis teorías absurdas…. hasta que Juan, con su clásico estilo, me dijo “querida, si no ves Nocturnal Animals, no sabes nada de la venganza”. Digamos que una no necesita de muchas razones para ver a Amy Adams en pantalla grande, pero aquel comentario acrecentó mis ganas.

Entonces, la película, la venganza.

¿Qué tan liberadora es? ¿Tu alma queda en paz? ¿Aleccionas a la persona que la recibió? Luego de la película, nada de eso me quedó claro, debe ser que vi una venganza muy particular, alejada de las generalidades de la gente común. Largamente pensada, esta venganza sumergió en la más profunda miseria a ambas partes y una, como espectadora, queda con una sensación de inconformidad; porque te sabe bien la venganza, siempre que haya un lado triunfador, el lado justiciero de preferencia. Lo que no se dio acá.

Y para más confusión, sentí lástima por la humillada, y ya perturbada, Amy. Desde luego, lo suyo fue altísima traición, pero el arrepentimiento inmediato y la vida tortuosa que llevó en adelante, me parecieron castigos suficientes para sus actos. Luego está el vengado Jake Gyllenhaal, que no tenía porqué considerar esas variables al momento de ejecutar su acto final. Igual, él también está destrozado.

Si tuve alguna certeza, fue la de haber presenciado una verdadera obra maestra, tan acertada al plantear su historia, cruda como pocas, que te deja pensando, aun con tus limitaciones, en lo simple y complejo que es el ser humano. Porque sí, la venganza podrá ser un acto casi primitivo, pero es su desarrollo y desenlace el que te diferencia del común denominador.



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