jueves, 2 de febrero de 2017

Se siente la melancolía

Como todos, tengo pendientes en la vida. Como todos, los pendientes incluyen viajes y una formación académica completa. Como pocos, los pendientes incluyen libros y películas.

Ayer terminé con un pendiente largo e inexplicablemente postergado. Terminé de leer El Principito y no me sentí ni más llena, ni más culta ni más realizada. Me sentí terriblemente vacía.

Pude verme reflejada en la descripción de los adultos y sus vidas huecas y sin sentido, pude ver lo que dejé atrás por mi afán de crecer y madurar, pude ver que dejé olvidada la inocencia y despreocupación que siempre debemos conservar y que terminé convirtiéndome en monotonía.

No volveré a mirar a las estrellas del mismo modo, felizmente. No me concentraré en una sola, abarcaré todo lo que mi vista y la noche despejada me lo permitan, tal vez me dirija a ellas y a cambio recibiré lágrimas y risas.

También lloraré porque soy consciente de que he sido domesticada y algunos de mis domesticadores me han abandonado, no llorando por su ausencia en sí, si no por la sensación de desamparo de la que siempre he sido conocedora.

Intentaré, porque no estoy segura de lograrlo, seguir en la vida con la filosofía del zorro que tanto le enseñó al pequeño príncipe: valoraré todo a lo que le he dedicado tiempo y miraré a los demás con el corazón, teniendo la esperanza de captar lo esencial.

¿Es tarde para todo esto? Espero que no.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario