Voy a meter mi cuchara en esta polémica
causada por el Nobel otorgado a Bob Dylan.
De él conozco muy poco, la mayor parte
por referencias a sus canciones, covers hechos por otros artistas y su hijo
oportunista que lanzó un par de temas allá por los noventas. Honestamente, no
estoy en la capacidad de criticar o aplaudir la decisión de los suecos, pero
los humanos no podemos resistirnos a manifestarnos fuera de orden, está en nuestra
jodida naturaleza, lo que me lleva a decir que, sin conocer sus letras, me está
dejando un sinsabor que este año se hayan inclinado por un músico para el Nobel
de letras.
Podrán acusarme de purista e
intransigente por opinar así, pero dentro de mi ignorancia, tengo mis motivos:
letra y música van de la mano en la obra de Dylan, son indivisibles, la
universalidad de los libros no puede aplicarse en este caso porque a pesar de
la presumible brillantez de las composiciones del cantante, éstas no han sido
traducidas para que lleguen a todo el mundo, finalmente, Bob Dylan es en
esencia un músico y existen varias premiaciones dedicadas a reconocer su
calidad como tal, lo cual ha sucedido con los más importantes. Y para terminar,
antes de ser víctima de un ataque hepático, otorgarle el Nobel no ha sido más
que una decisión populista de parte de la academia sueca, que en afán de
mostrar su apertura a los cambios, ha optado por la opción más polémica,
garantizándose así los aplausos de los “renegados”
Pero el ser humano también es hartamente
contradictorio, lo que lleva a mi lado sentimental a alabar esta decisión,
rememorando cierto día cuando la voz de Dylan le ponía soundtrack a uno de los
antes-y-después de mi vida, siendo hasta el momento, la única canción suya que conozco
de inicio a fin y que me hace suspirar. De la letra tengo poco que decir,
puesto que el momento en el que la oí estaba muy alejado del pesimismo que
inunda la composición y protesta de Dylan. En resumen, mi entusiasmo nada tiene
que ver con lo que implica entregarle un Nobel de Literatura a un músico, es un
entusiasmo arbitrario y nada pensado que es compartido con la misma gente que
celebra el reconocimiento.
Todos músicos adulones o hinchas acérrimos que
se sienten incluidos en semejante disparate.
Cualquiera menos Arjona
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