Hubo un tiempo en el que pensé que lo mejor que podía hacer por la vida era dedicarme a camionera, pasar mis días de un lado a otro, en solitario, con mucha música de fondo y un horizonte cambiante como vista panorámica.
Mi trabajo soñado era perfecto por donde se le
mirara, me iba a dar la libertad que necesitaba, tenía entendido que la paga
era buena, iba a conocer nuevos sitios y a manejar un maquinón que me daba la
sensación de poder infinito, no me importaban los contratiempos que podría
tener en mi condición de sugestión extrema, los procesos biológicos que nunca
faltan y el maleteo asegurado. Yo suelo ser guerrera en la teoría, cuando trato
de ir a la práctica entra en juego mi naturaleza desidiosa.
Cualquiera pensaría que fue un sueño de febril
adolescencia, pero esa idea rondaba en mi cabeza hace unos meses nomás, tiempos
en los que me creía capaz de cualquier cosa por el simple hecho de quererlas…. La
intensidad de lo que quieres debe ser fuerte, lo malo es que a veces no es
suficiente querer.
Y aquí estoy, fantaseando con la cabina de un tráiler
y sus muchas utilidades, sentada en mi silla giratoria con un teclado y monitor
como vista panorámica.
Representación fiel de mi sueño.

Ya somos dos sentadas frente a la vista del monitor...Cierto preferio un camión, que un tren al sur!
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