Esta
locura empezó hace año y medio aproximadamente, cuando Delilah y yo le pedíamos
a Maja que sea precavida y tenga a mano su pasaporte y unos tres mil dólares en
efectivo para que ante cualquier eventualidad, se venga pitando a nuestro país.
Lo recuerdo clarísimo, estaba debatiéndome entre el miedo y la emoción al saber
que una de mis mejores amigas había tomado la importante y jodidísima decisión
de casarse. Y desde ahí, el dique se abrió.
Cierto
es que temía todas las responsabilidades que se le suelen atribuir a las damas
de honor en las películas, pero Maja se encargó de ABSOLUTAMENTE todo y eso
contribuyó a que el estrés entre Delilah, Joanne y yo sea menor…. Menor a un
250% porque cierto es, también, que a pesar de no asumir responsabilidades más
que para nuestra indumentaria y “producción” pasamos las de Caín para poder
presentarnos a EL evento de un modo decoroso y (de ser posible, ya que se
supone que nadie debe opacar a la novia) dejar con la boca abierta a unos
cuantos.
Oh,
para llegar a eso tuvimos que pasar por muchas cosas por el simple gusto de
complicarnos. Pero como este es mi blog, sólo detallaré mi tortuosa y
finalmente gratificante experiencia.
Para
empezar, estaba el hecho que Maja se iba a casar dejándome sola y desamparada
(*), luego estaba el hecho de aceptar que para asumir el encargo de ser una de
sus damas de honor debía llevar vestido, o sea enseñar las piernas, o sea el
horror. Luego estaba el asunto del maquillaje, o sea aceptar que un sádico
venga con sus brochitas de sombras a repasarlas malamente sobre mis párpados,
que me aplaste las pestañas con un aparato calco del espéculo, que me ahogue
con su base polvorienta y tantas otras cosas más que no rememoro porque luego
empieza el dolor de cabeza. Y claro, depilación de ceja con cera…. De milagro
no salí con media cara desollada.
¿Quién
iba a decir que hacerse un vestido a la medida iba a ser tan jodidamente
complicado? Cuando las damas nos decidimos a ir a la modista recomendada por la
novia, faltaba algo menos de un año para EL evento, acordamos el color y eso
fue todo. La segunda reunión fue pactada mes y medio antes de EL evento y dio
paso a una serie de días de prueba, medidas cambiantes, modelos indefinidos y
una permanente sensación de estrés que me acompañó hasta el último domingo.
Sin
tener en cuenta que la semana previa a EL evento ¿mi gato? decidió dibujar
caracteres chinos en mis pantorrillas lo que me obligó a usar unas pantis color
piel que disimularan la tasajeada inconclusa, subí dos tallas y el cierre
simplemente no cedía y vino la desagradable visita mensual que me iba a tener
llena de analgésicos. Una verdadera vaina.
Pero
finalmente nada de eso importó al ver a Maja feliz como nunca la había visto,
verla tan feliz me hizo olvidar que estaba con vestido, maquillada y con el cabello
tieso, olvidé el dolor de cabeza que me acompañó desde que abrí los ojos aquel
día, olvidé los zapatos taco doce con plataforma y, por último, olvidé la
sensación de egoísmo nunca admitido que me invadió cuando me enteré que Maja se
iba a casar. Ella estaba (está) feliz y yo también.
*Nota Mental: Dejar de lado la autocompasión.
*Nota Mental: Dejar de lado la autocompasión.
exagerada
ResponderBorrarLas cosas como son....
BorrarEs increíble como se adaptan tus pies de cenicienta a unos tacos de plataforma 12 al estilo Heidi Klum, y para rematarla , bailas y zapateas "La linda Flor", esa chiquillaaaaa, esa chiquilla (8)
ResponderBorrarGracias! Por el esfuerzo a las 3
ResponderBorrarY por llegar a tiempo, eso es gracias a mi
Las quiero
Atte.... Maja