martes, 4 de noviembre de 2025

1.94%

Casi sin planificarlo, pero con la emoción por todo lo alto, un día martes confirmé mi viaje al país más al sur del sur, otorgándole un respiro a mi rutina y a mi mente.

Las semanas siguientes fueron de una expectativa que no sentía de hacía mucho, viéndome sorprendida de mi capacidad de interesarme por algo, ya que creía haberla perdido ante tanta desgana de mi parte. Pero ahí me veía, contradiciéndome constantemente, con el único fin de pasar unos días de relajo, conocer sitios nuevos y, sobre todo, dejar de lado la virtualidad para conocer en persona a una gran persona, una que, gracias a eventos posteriores e impensados, se convirtió en invaluable soporte, forjándose un vínculo y conexión, como ella misma lo dijo después, para toda la vida.

¿El viaje? Conocí lugares con los que solo fantaseaba, los que no tenía idea que existían, los que no formaban parte de mi itinerario y que aún así fueron bienvenidos. Extraños entrañables a los que siempre agradeceré su solidaridad con una completa desconocida. Nuevas amistades, cortas o largas, que me mostraron el lado amable de la vecindad y me ayudaron a librarme de absurdos prejuicios. Gatitos silvestres (te quiero, Benito), gatitos domésticos (distinguido Cacao), insolentes a la par de indiferentes. Y orden, una utopía limeña.

Como no podía ser de otra manera con nosotras, el viaje incluía pedaleada, la cual se realizó en un paisaje inmejorable, amante como soy del verde, su silencio e inmensidad, añadiendo el plus de ir acompañada de una persona que no sólo conoce la ruta sino que además, te enseña a valorarla y disfrutarla con todos los  sentidos, unos que me fallaron un poco e interrumpieron lo que iba a ser una tarde memorable.

Habría deseado restarle drama y dolor al asunto este del afianzamiento de la amistad, ya que volver  a casa con cuatro huesos rotos no estaba en absoluto dentro de mis planes, pero aún con todo ello, no tengo más que agradecimiento al destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan. Si había de pasar por esto, no pude tener mejor compañía, cuidado, cariño y contención, que con M.Alicia, quien dejó desempleado a mi ángel de la guarda.

Por supuesto que la música no faltó, pero si debo elegir una canción para ambientar este post, me quedo con esta, la que abrió paso, a punta de espada, a mi última (por ahora) aventura.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario