jueves, 17 de febrero de 2022

Impunidad perdida

Siendo una persona poco dada a las proyecciones, me cuesta mucho planificar las cosas y en las raras veces que lo hago, se tratan de eventos de especial significancia que me generan una emoción inédita en mi parco carácter. Y es por eso que esas oportunidades deben ser aprovechadas al máximo.

Con esta introducción grafico el quiebre interno por el que pasé al ser plenamente consciente de que mi tan esperado cumpleaños del año 2020, por el cual llevaba esperando desde el 2015 por ser una edad especial, no podía ser celebrado con la piñata de rigor y la compañía numerosa. Gracias, puto cobi, gracias.

Obviamente no llego al egoísmo de creerme gravemente perjudicada por el impedimento de festejar ya no uno sino dos cumpleaños, por supuesto que no. No sería la primera desilusión de mi vida. Pero empecé a darme cuenta de lo que estaba sucediendo conmigo y mi entorno cercano con el que comparto edad, aficiones y amarguras, puesto que caí en cuenta, casi sin sentirlo, que se nos estaban yendo de las manos nuestros últimos años potables, se nos escurría el final de la etapa de locuras y desenfrenos, se nos estaba cerrando la puerta de la dulce impunidad en nuestras caras sin que pudiéramos hacer nada para evitarlo.

Recordaba con Helena nuestra última salida nocturna antes de que nos encerraran en nuestras casas, el cómo pasamos de la sangría a la cerveza y al vodka sin mayor sobresalto, el haber estado la mayor parte de la noche de pie, al lado de la barra, sin que nos doliera la espalda, el salir del bar con rumbo a un 24 horas que nos proveyera de buen alimento (salchipapa para mí, tallarines para ella) y regresar al hogar para apoyar la cabeza en la almohada mientras ya empezaba a salir el sol.

Hoy que la pandemia parece empezar a controlarse, que contamos con vacunas y que las restricciones cada vez son menos, ambas nos dimos cuenta que una noche como la de aquel lejano febrero de 2020 difícilmente podríamos repetirla ahora. El confinamiento nos ha oxidado articulaciones y reducido el aguante, no soportaríamos estar en un sitio cerrado con gente alrededor y tampoco pasaríamos de un solo tipo de trago en una sola ronda, porque nuestro cuerpo se agarrotó y todo lo que implique salir de los últimos y rutinarios dos años implica alto riesgo de pasarla mal al día siguiente.

De mi piñata inicial, sólo queda el recuerdo de lo que pudo ser y no fue. Una de las tantas deudas que la vida tiene conmigo y que se me quedará debiendo.

 

Soundtrack melancólico, celebrando que hace dos años oía esta misma canción mientras sostenía mi cerveza....

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