miércoles, 14 de febrero de 2018

Neologismos Arbitrarios VIII

Muchas veces he pensado en aquello, llegando a creer que la felicidad máxima se encuentra en esa no-actividad. Y ayer mi dicha fue casi plena al descubrir que tanta maravilla tiene nombre, por más acepciones siquiátricas que le den.

He encontrado en la clinofilia la definición perfecta de felicidad, la que desarrollaría en la plaza y media de mi cama si fuera este un mundo justo. Pero no lo es y sólo me toca idealizar o rememorar tiempos idílicos, a veces en plaza y media, otras en king size, en las que pasé horas de horas leyendo, comiendo, amando y, por supuesto, durmiendo; cayendo en ese dulce aletargamiento en el que a veces te vienen pensamientos felices o proyectos ambiciosos, los que nunca realizarás porque lo tuyo es estar ahí, en la cama.

Evidentemente, pasarse el tiempo acostado no es práctico, en algún momento tienes que salir, pero, ¿acaso no es bonito fantasear sobre tu futuro en un cuadrilátero?, ya sea sola o acompañada, con doseles, en tarima, sin cabecera, un colchón a secas, envuelta en edredones para invierno, liberándote de las sábanas en verano, saltando para poner a prueba los resortes, evitando dejar las piernas colgadas para que el Cuco no las jale, improvisando carpas con las frazadas y tantas otras pequeñas actividades que llenarán tu alma de gozo absoluto.

El mundo en el que estamos, el que no es justo, te obliga a levantarte de la cama a padecer una vida llena de responsabilidades absurdas y compromisos esclavizantes, haciéndote creer que el trabajo y su remuneración monetaria (mísera en la mayoría de casos) son los fines dominantes de nuestra existencia. Se la ha dado tanta mala fama al ocio que cualquier momento de merecido relajo es tomado como tiempo perdido y te señalan con el dedo.

Una muestra de ello es que una filia tan hermosa como la clinofilia esté destinada a llenar páginas de medicina mental, poniéndole como una de las consecuencias de la depresión y condenándola a una etiqueta negativa en una sociedad como la nuestra, la que no necesita de mucho para satanizar cualquier disfrute personal y a los desquiciados que estamos dispuestos a ello.


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