Lesson five
Fue una de esas decisiones apresuradas que se toman de cuando en cuando, con resultados diversos que no suelen influir al momento de verte envuelta en otro impulso igual de alocado.
Fue una de esas decisiones apresuradas que se toman de cuando en cuando, con resultados diversos que no suelen influir al momento de verte envuelta en otro impulso igual de alocado.
En muchas oportunidades he manifestado indiferencia y a
veces hasta rechazo a viajar. Movilizarme de una ciudad a otra por ocio o
trabajo no es de mi agrado y no necesito de buenas o malas experiencias para
saber que esa actividad no es para mí. Sin embargo, cierto lamentable suceso me
“obligó” a tomar acciones rápidas e iniciar una travesía que no debía durar más
de día y medio, pero que se prolongó hasta los cuatro más angustiosos, tristes
y solitarios días de mi última década de vida.
Partí rumbo al sur por la noche, con el corazón encogido y
con la expectativa de acompañar a una de las personas más importantes de mi
vida en uno de sus momentos más difíciles. No hubo preparación, mi equipaje
consistía en una Coca Cola helada y unas galletas que no toqué hasta después de
20 horas, más por un tema de querer librarme del bulto que por hambre. Mi poco
conocimiento sobre climas más mi apuro, hizo que la vestimenta cubriera lo
básico para sobrevivir a una temperatura promedio en el invierno limeño.
Ya instalada en el asiento 23, al lado de la ventana, empecé
a hacer un recuento del alborotado día que tuve, la incómoda conversación con
el jefe para explicarle el permiso que solicitaba, la angustia de movilizarme
en el tránsito capitalino (primero en auto, luego a pie), la alistada en tiempo
récord, las miradas contrariadas de Buba,
Fendi, Michi y Engendrito que no
entendían que no les diera su vueltita y me fuera sin más, la amena
conversación que tuve con el taxista que me llevó al terminal y la despedida
con mi madre y tía que hicieron todo el asunto muy ceremonioso y algo dramático.
Lo que menos esperaba de este viaje era una lección. La
obviedad del asunto, siendo la muerte de esos absolutos que no dan lugar a
réplica, me había preparado para entender que tenemos un tiempo limitado y debemos
aprovecharlo al máximo; pero este viaje me llevó más allá de lo geográfico y
me hizo reflexionar sobre lo que estaba haciendo conmigo y mi tiempo en este
mundo, la huella que dejaría si me fuera mañana, los logros obtenidos, la
felicidad experimentada, las abundantes frustraciones, los eternos pendientes, los clásicos imposibles….
¡Hay tanto por hacer!
So
you're not gonna crack, no you're never gonna crack
A que no se ve linda con colitas, gorra y mandándote a la mierda en el 02:38 :)
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