lunes, 23 de febrero de 2015

Incólume


Me encuentro en un punto sin retorno, aunque podría decirse que en ese punto sin retorno estoy desde hace 10700 días, cuando mi mamá decidió que no podía retenerme más en su panza.

¿Qué me impulsó a escribir sobre esto hoy? A que he tenido una seguidilla de accidentes que me han dejado con el cuerpo adolorido, la confianza encogida y el ya disminuido ego en históricos registros negativos. Me las doy de adulta cuando estoy lejos de comportarme como una y de hacer las cosas que esperan de una. A la par de renunciar a mi trabajo debo renunciar a un par de propósitos que me impuse hace un tiempo….

No puedo y no debo caminar con tacos, es un tema de seguridad personal, no hay modo de terminar un día sin un pequeño tropiezo que termine con un tobillo torcido, una rodilla morada o una sensación de vergüenza porque, si bien evité la caída, hice uno de esos movimientos salvadores y extremadamente ridículos cuando los recreas en tu mente que ya no sabes hacia dónde mirar. No pues, así no vale.

También debo aceptar que no aprenderé a manejar un auto y mucho menos, sacar licencia de conducir. Y más que una falta de oportunidad, lo que me lleva a esta conclusión es que esto es por el bien de mi salud mental, mi libertad y mi preferencia a caminar. Siendo peatona, diariamente me indigno ante los abusos de los que andan en cuatro o más llantas, la imprudencia de los que andan a uno o dos pies, la temeridad de los ciclistas y la viveza de los motociclistas; estoy segurísima, terminaré atropellando o chocando a alguien por el simple gusto de darle una lección y hacerle entender, a la mala, que las reglas de tránsito son claras y deben respetarse. En resumidas cuentas, soy un peligro.

Esto no lo veo como un fracaso. Aplicando mi filosofía, la vida me ha enseñado, a la mala, mis limitaciones e impulsividad, las mismas que podrían haberme metido en problemas a la primera oportunidad que se le presentara al destino/ventura/sino/azar/hado/fortuna o como sea que quieran llamar a esa fuerza que hace que las cosas sucedan. Cierto es que mis manías no deben tomarse tan a la ligera, empezando conmigo misma.

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