Cada día que pasa es un
despertarme y pedir vacaciones a gritos (mentales), pelearme con las sábanas
que pugnan por retenerme en la cama y no para dormir puesto que mi alarma
corporal ya se acostumbró a madrugar, es la tentación permanente de llamar a la
oficina y decir que estoy enferma, reírme de la gente que dice que la ducha es
para relajarse puesto que durante ella yo sólo pienso con que humor estará mi
jefe…. Y al final del día es permanecer despierta en la oscuridad de mi cuarto,
sin conciliar el sueño por pensar en lo que me esperará al día siguiente. La
calle está dura, pero a estas alturas la prefiero.
La mala leche es difícil de
combatir y no sé cuánto tiempo más podré estar con la boca cerrada para no
soltar las cosas que pienso sobre l@s compañeros de trabaj@ que día a día
manejan dos caras dependiendo de quién tengan delante. Sé que no soy un ejemplo
a seguir, pero nunca hago las cosas con un afán deliberado de hacer quedar mal
a todos y ser la única responsable. Y en ese ambiente me muevo de lunes a
sábado.
THE END! pero con liquidación.
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