Mientras cruzamos la frontera imaginaria de
cordura/locura, dejamos de lado los pendientes que harían un poco más ordenada
nuestra vida, pero como hemos nacido para vivir en el caos, los seguimos
omitiendo en aras de la procrastinación.
También nos damos cuenta que las cosas ya no las
disfrutamos como antes, en muchos casos mientras realizamos las actividades
antes placenteras, ahora prescindibles. Pero seguimos haciéndolas por temor a
dejar de ser lo que somos. Me niego a pensar o siquiera permitir que mi mente
sugiera que el desgano es una cosa propia de la edad.
Acepto que los riesgos ya no se asumen como antes (muchos
de ellos eran realmente estúpidos) pero seguimos metiéndonos en cosas complejas
y no tiene nada de malo querer ser precavidos, es algo que me vengo diciendo
desde hace un tiempo para calmar un poco a mi lado salvaje.
Hasta que me crucé con esta palabra…. La anhedonia
podría resumir perfectamente mi estado actual: hay posibilidad de oír a una
banda en vivo el sábado por la noche y lo único que pienso es si tendré tiempo
de dormir antes porque de lo contrario nada ni nadie me sacará de mi casa.
Rehuir de las conversaciones de a dos, manifestando fastidio cuando viene
alguien a contarme sus penas habiendo sido yo la orgullosa portadora de la
confianza de much@s. Pasar por la librería y no quedarme media hora revisando
las novedades o los clásicos de siempre. La reproducción aleatoria que me hace pasar
veinte canciones seguidas hasta encontrar una aceptable, con la consecuencia de
amargarme y decidir estar en silencio.
Escrito
irregular, escapándome un poco del formato autoimpuesto. Se supone que en la
variedad está el gusto, aunque ya no lo sienta así.
Cierto, antes me pasaba la vida entre Quilca y Galerias Brasil, entre discos, libros, galerias de arte, tenía todo el tiempo del mundo, y ahora el mundo no me espera a mí.
ResponderBorrar