Recuerdo muy bien el terror que sentí cuando llegó el momento de
contarle a mi papá el verdadero motivo de su citación a mi colegio. Esperé al
último minuto para contárselo, estábamos ya camino a la oficina
de la dirección y de paporreta le solté la historia, tan de paporreta fue que
me entendió mal porque recién se enteró cuando se lo dijo mi auxiliar y volteó
a mirarme con expresión dolida y yo me quedé paralizada porque esperaba una
reacción furibunda. Luego pensé que se estaba conteniendo porque estábamos en
un lugar público y no convenía hacer escándalo “ya será en la casa” me dije
para mis adentros.
En casa fue expresión dolida más palabras de reproche, más lágrimas de
mi mamá, más lágrimas de hermana mayor, más la lectura de sentencia que
consistió en cero televisión y cero salidas. Sinceramente la saqué barata.
Luego me puse a pensar en la sorpresiva reacción de mi papá, fue mucho más
comprensivo de lo que imaginé y hasta me dio algunas palabritas de consuelo
cuando mi madre me retiró la palabra por unos días, definitivamente fue más de
lo que creía merecer.
Han pasado dieciséis años de aquella historia y ayer vino de golpe
cuando lo oí cantar bajito una canción de Los Panchos que hablaba de la
bendición de amar y ser correspondido, no podía ser más oportuno pensé…. Me
acerqué a la mesa, me senté frente a él y comencé:
“Pa’, tengo un problema que
comenzó hace cinco años más o menos….”
En la vida habría pensado contar algo tan personal a alguien de mi
familia, mucho menos a mi papá. Ayer buscaba a alguien que pudiera escucharme
sin miradas de reproche y no supe a quien acudir. Resignada fui a casa a
esperar el momento de acostarme y desahogarme con la almohada, no contaba con
el golpe de inspiración suicida que tuve y sentí que desde ayer por fin tengo a
alguien que sacará cara por mí.
Se dice el pecado, pero no el diablo !! ImI
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