viernes, 22 de agosto de 2014

Mira por dónde....


Recuerdo muy bien el terror que sentí cuando llegó el momento de contarle a mi papá el verdadero motivo de su citación a mi colegio. Esperé al último minuto para contárselo, estábamos ya camino a la oficina de la dirección y de paporreta le solté la historia, tan de paporreta fue que me entendió mal porque recién se enteró cuando se lo dijo mi auxiliar y volteó a mirarme con expresión dolida y yo me quedé paralizada porque esperaba una reacción furibunda. Luego pensé que se estaba conteniendo porque estábamos en un lugar público y no convenía hacer escándalo “ya será en la casa”  me dije para mis adentros.

En casa fue expresión dolida más palabras de reproche, más lágrimas de mi mamá, más lágrimas de hermana mayor, más la lectura de sentencia que consistió en cero televisión y cero salidas. Sinceramente la saqué barata. Luego me puse a pensar en la sorpresiva reacción de mi papá, fue mucho más comprensivo de lo que imaginé y hasta me dio algunas palabritas de consuelo cuando mi madre me retiró la palabra por unos días, definitivamente fue más de lo que creía merecer.

Han pasado dieciséis años de aquella historia y ayer vino de golpe cuando lo oí cantar bajito una canción de Los Panchos que hablaba de la bendición de amar y ser correspondido, no podía ser más oportuno pensé…. Me acerqué a la mesa, me senté frente a él y comencé:

“Pa’, tengo un problema que comenzó hace cinco años más o menos….”

En la vida habría pensado contar algo tan personal a alguien de mi familia, mucho menos a mi papá. Ayer buscaba a alguien que pudiera escucharme sin miradas de reproche y no supe a quien acudir. Resignada fui a casa a esperar el momento de acostarme y desahogarme con la almohada, no contaba con el golpe de inspiración suicida que tuve y sentí que desde ayer por fin tengo a alguien que sacará cara por mí.




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