martes, 12 de agosto de 2014

Cuando llora mi teclado


Si pensaba que releer correos antiguos iba a mejorar mi estado de ánimo, pues estaba muy equivocada.

A menudo hago una crítica encendida contra las personas que escriben sus cosas en las redes sociales sin el más mínimo respeto por la ortografía y demás vainas: parecieran no conocer las mayúsculas, les causa una flojera infinita escribir las palabras con todas sus letras, encuentran útil los signos de puntuación pero sólo para hacer emoticones, deciden que la “s” pasó de moda y la reemplazan con la “z”, todo esto de manera intencional puesto que no creo que no sepan que la manera correcta de preguntar algo es ¿por qué? y no xq?, pq? ni mucho menos x ke? .

Me han dicho que el medio por el que escriben permite ese lenguaje “informal” por decirlo de algún modo, que no están redactando una carta y que nadie va a ponerles nota, ya…. ¡PUES A MI ME MOLESTA! Siento que se me va cerrando el ojo izquierdo cada vez que veo esas cosas. Pero ayer casi me provocó una apoplejía cuando lo vi en correos que yo misma había elaborado.

Pues sí, digamos que el internet se apareció por acá de manera masiva a finales de los noventa e inicio del dos mil, transición entre base 1 y base 2 para mí. En 1999 descubrí la maravilla de la conversación directa en tiempo real, o sea, el chat y como la cosa no era con una sola persona, tenía que escribir al toque, las ventanitas se abrían una tras otra y no me daba abasto, a la mala tuve que aprender a abreviar arbitrariamente las palabras y a omitir algunas normas con el fin de poder mantener las 25 conversaciones sin problemas. Hasta acordé un encuentro con uno de los desconocidos que me conversaban, pero esa es otra historia que aún me sigue provocando ardores de vergüenza.

Claro, el chat no es un correo que te da tiempo de pensar lo que quieres decir y acomodarlo para que te quede bonito, escribes lo que te salga y ya. Pero como dije líneas arriba, casi me da un ataque al releer los correos escritos a mis cortos e inconscientes veintidós años. No sólo no utilizaba las mayúsculas, no me interesaban los signos de apertura de exclamación o interrogación, abusaba de los puntos suspensivos, los párrafos estaban ausentes por lo que todo salía en un solo paquete y me zurraba en las tildes porque daba por sentado que me iban a entender. ¡Ay! Eso sí, jamás sucumbí al terrorífico reemplazo de la “s” por la “z”, ese atentado al idioma es relativamente nuevo y mayormente atribuido a la horda amixer que pulula por ahí.

Y si así estuve por cómo escribía, peor estuve por lo que escribía. Casi me cuesta creer que sea yo misma, hasta me he planteado atribuirlo a un ente externo que me dominó por esa época, lo cual me permitiría mirar todo desde fuera y sentir vergüenza ajena por esa muchachita loca. Pero no debo engañarme, esto se soluciona con unos cuantos cabezazos a la pared, cinco cervezas, una margarita y el soundtrack de Kill Bill Vol. 2.

Good night moon, I want the sun….





Ahora sí.

1 comentario:

  1. te di todo mi amor @do.com y tu mes has r@bado el corazón (8)
    , y eso que aún a estas alturas no tengo wasap !

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