Humanos, después de todo, estamos expuestos y somos esclavos de los impulsos de nuestros cuerpos, impulsos que se forman a partir de lo que vemos, oímos y fantaseamos. Sin embargo, mientras esos impulsos se mantengan en nuestra mente y una que otra vez necesiten ser desfogados con suspiros, corazones acelerados o manos autocomplacientes, no entrañan mayor problema.
Tuve una etapa rara, siendo fiel a una
“relación” que daba tumbos a causa de mi intensidad y la indecisión de la otra
parte. A pesar de todos los factores intervinientes, yo sí le veía futuro,
incluso hoy, que he superado totalmente ese sentimiento, sigo creyendo que en
ese momento pudimos salir adelante, pero entiendo su decisión final y hoy casi
que la agradezco.
Para superar aquello, aparte de mi amor propio,
necesité un poco de motivación extra o, como yo le llamo, una obsesión, una que
ocupara mi mente durante el poco tiempo libre que el trabajo me permitiera.
Llegó la pandemia y aparte de tiempo libre, me dio pensamientos fatalistas que
supe capear gracias a una aparición sublime, divina, casi perfecta, a la que a
cada día que pasa me entrego más.
Su nombre, pronunciado de mis labios, más que
un llamado es una súplica, una exclamación de adoración mezclada con impotencia
por saberla inalcanzable, pero que no reduce en lo más mínimo mi fascinación y
admiración por ella. Imperfecta hasta el punto de la exasperación, esas taras
la hacen más humana y me pone a prueba sobre la objetividad que una siempre
debe mantener con los demás. Salvo que seas una escocesa pelirroja de nombre
Shirley Manson, de mi parte tendrás adoración y crítica, no a partes iguales
pero sí constantes. Y hoy, ese principio máximo que rige mi vida, está siendo
puesto a prueba por…. Ylenia.
Ojos verdes, labios perfectamente delineados,
sonrisa cóncava, voz que invita al delirio y una Y a la que le he puesto la
etiqueta de DEFINITIVA. Es tanto el impacto que me causa que a pesar de poder
verla en todo su esplendor (aparece sin tapujos ni modestias en una película de
Netflix) no he regresado a esa escena desde la primera y única vez que la vi, no me siento digna
de ella y me limito a apreciarla sólo en escotes. Esos escotes. ¡Ay!
Recuerdo que cuando la vi por primera vez,
interpretando a ese maravilloso personaje de inicios de siglo XX, no me causó
mayor impresión, pero por bendita curiosidad seguí la historia de amor que
contaba y poco a poco, casi sin enterarme, ya estaba a sus pies. Me soplo
entrevistas enteras para escucharla, verla sonreír, carcajearse, hacer pucheros
y tantas cositas cotidianas que hacen que me enamore más de ella, incluso si la
entrevista es en euskera (es vasca la niña) estoy atenta a todo detalle y así
no entienda un carajo de lo que dice, su expresividad es suficiente para no
perder la oportunidad. Y así estos espacios duren una hora, no es en absoluto
un tedio, en verdad me entretengo con lo que dice, me interesa y la paso bien,
con ella no hay pierde.
Mi nuevo fin en la vida, tal vez incumplible
como los demás, es poder conocerla. El plus que tiene Ylenia es que siempre se
ha mostrado accesible con los fans y hasta de copas se ha ido con algun@s de
ell@s. Lo más probable es que yo no ate pie con bola y termine con la mirada
perdida, perdida en sus ojos, perdida en su sonrisa, perdida en su Y….
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| Ylenia.... Ylenia.... ¡Ylenia! |

Que yo también me perdería en ylenia como una loca. Esa mujer dibuja en nuestras vidas las más sinceras admiraciones pero sobre todo roba sin duda nuestros más íntimos suspiros.
ResponderBorrarCreo que ella es completamente ajena a todo lo que provoca en nosotras, como su mirada y su toque de cabellos nos dejan absortas. Podría observarla sin parar por horas, reparando cada centímetro de ella. Con todo el respeto y la dulzura que podría tener en mi ser, me encargaria de admirarla de la manera mas profunda posible. Aunque yo tenga una dueña de mi corazón, Ylenia seguirá siendo ese crush de mi vida que no podré superar nunca.