viernes, 20 de abril de 2018

Bella precisión


Es bonito, sí, encontrar una definición para algunas cosas tan específicas que difícilmente podrán expresarse con una sola palabra....

“Una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean pero que ninguna se anima a iniciar

Esta acepción cuenta con una palabra para definirla, en un idioma que lamentablemente está condenado a la extinción (sólo se conoce de una hablante a punto de cumplir nueve décadas) y que me remite a tiempos de revelaciones sobre mi forma de ser, sobre mi nivel de osadía y sobre lo que estaba dispuesta a hacer por lo que consideré mi felicidad.

Si saben de lo que hablo, es tremendamente maravilloso encontrarse en una situación así, donde las palabras se aglutinan en tu mente pero se desvanecen en tu garganta, donde todos los gestos de la otra persona son estudiados al detalle y donde te sientes igual de observada, conteniendo impulsos, con el corazón a mil, dispuesta a lanzarte el precipicio en compañía, pero sin decidirte a dar ese primer paso. El único primer paso al que vale la pena tratar con trascendencia, el único primer paso que te hará experimentar las maravillas que contiene la vida, unas que se mantienen ocultas y se muestran sólo ante los locos valientes que decidimos darlo; en resumidas cuentas, el único primer paso que compensa las penurias por venir.

Mis sagaces (e imaginarios) lectores se preguntarán por qué no publico este post bajo la etiqueta del neologismo arbitrario. Pasa que tengo mi lado idealista y romántico que quiso darle un trato especial a la mamihlapinatapai, una de esas cosas que aparecen en tu vida de purita casualidad y que le dan un poco de color a la miseria diaria. Casi que vuelves a experimentar las satisfacciones pasadas, las que no volverás a vivir.

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