La chica nueva llegó.
Viendo a la joven Carolina (ahora
veo a todo el mundo más joven que yo), en su tercer día en la oficina, no puedo
evitar recordar cuando la nueva era yo: tímida, recatada, de poquísimas
palabras y acomedida en extremo. Llegaba de veinte a quince minutos antes de la
hora de ingreso, siempre con el peinado bien armado, súper pilas y dispuesta a
demostrarle a mi jefe que era merecedora al cien por ciento del puesto que
ocupaba…. La chupamedias modelo.
Hoy las cosas son distintas, pero
no de un modo tan negativo, sino para bajarle las revoluciones a esa
personalidad servil que suelo mostrar. Llego puntual o con minutos (poquitos
nomás) de retraso, el cabello suelto y mojado casi recién salido de la ducha y
con una combinación de-sastre y ropa sport que me resulta digerible y ha
terminado con el título de “doctora” que me iban dando por algunos lados,
cuando mi jefe me pregunta si puedo “colaborar” quedándome un par de horas más
en la oficina hago un repaso mental de los gastos que se vienen y dependiendo
de ello, doy mi respuesta.
Volviendo a la joven Carolina, admito
algo de celos al ver cómo se ha convertido en la novedad del trabajo, el nuevo
caramelito, a la que todo el mundo le conversa y le orienta para que le vaya
bien, servicial y sonriente con tod@s (hasta conmigo) que pareciera hacer
méritos para ganarse todas las estrellitas que pudieran caberle en la frente. A
mí ya nadie me orienta y he pasado a formar parte del núcleo ese de compadreo en
el que sueltas una lisura o comentario sarcástico contra algún compañero y
donde todo se vuelve joda.
Pero tal y como sucedió con la
anterior “nueva”, la joven Carolina padece de la misma actitud engreída y
caprichosa que no hay como aguantar, incapaz de hacer algo que no sabe porque
no quiere aprender, pidiéndole a los chicos (que le quieren caer desde el
primer día, tal y como sucedió conmigo en su oportunidad) que hagan algunas
cosas por ella “porfavorcito puessss”
y varias cosas que ponen a latir a mi ojo izquierdo hasta el punto de la náusea….
Igual ya acumulé la bilis suficiente
para ignorarla y prescindir por completo de su colaboración.
Una sonrisa falsa y un “¡fuera mierda!” mental,
serán suficientes para lidiar con su presencia.
fueraaa mierda!!!!...la reina siempre seré yo :D
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