lunes, 18 de abril de 2016

Ah el fútbol, el fútbol.... Ah el amor, el amor

Han culminado los cuartos de final de la Champions League, el torneo que más fanatismo ha despertado en mí  a lo largo de mis años como aficionada al fútbol. Entonces es de esperar que me encuentre con angustia, poco apetito, ánimo por los suelos y nervios tensados hasta el punto de casi mandar a la mierda a mi jefe por burlarse de mi reacción ante el gol del equipo rival.

En paralelo está Vanessa quien, circunstancias de la vida, comparte conmigo ese estado semi-catatónico por motivos bastante alejados de los míos. Y es que Vanessa está atravesando por una crisis amorosa que la tienen al borde de todo: del llanto, del suicidio asistido, de cometer el crimen perfecto, de patear a un perrito, de entregarse a los excesos y varias cosas más.

Hasta podría considerarse un absurdo comparar el origen de los problemas, pero válido si es que provocan lo mismo en cada una. Voy transitando por la calle de la amargura, evitando diarios y páginas deportivas, odiando a todo conocido o extraño que comente sobre el partido, deseando desesperadamente que no me importe quien gane la Champions, pero todo todo me afecta. Vanessa por otro lado, pasa por la peor de las incertidumbres que la mantienen paralizada y sin atinar a algo que no sea la nostalgia, evita la música, los libros y hasta las noticias porque todo todo le trae recuerdos.

Y hay más, porque ambas sabemos que nada podemos hacer, que nuestras afecciones son las que son y no cambiarán, que nuestra voluntad no sirve de mucho, que el punche lo deben poner otr@s y que la esperanza hace más daño que la realidad….

Pero aún con todo eso, y para nuestra desgracia, Vanessa y yo sabemos que nunca dejaremos de creer.



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