Me he vuelto una experta en ocultar emociones y no sé si eso sea bueno o malo.
Las piernas me flaqueaban, sentía
al corazón latiendo desbocadamente, el mareo prometía desmayo de telenovela y
las náuseas remataban la situación. A lo lejos oí que me decían: en ese sitio deben haber varias fundas,
vamos para allá…. Yo hice acopio de todo mi valor, asentí, caminé y sonreí
a mi interlocutora que ni imaginaba que segundos antes vi algo me hizo sentir al
borde del abismo, como si la tierra se hubiera abierto a mis pies.
No creo estar exagerando, una
nunca está preparada para esas casualidades macabras y el marco no podía ser
más doloroso.
Sin embargo, para mi sorpresa,
horas más tarde me encontraba sonriendo con ganas, disfrutando del momento al
lado de incondicionales; cuando creía que el día, semana y mes estaban perdidos,
casi sin merecérmelo mi entorno me dio la contra y me acogió con lo mejor que tiene.
Claro que ya en la noche, con Shirley como confidente, tuve que repasar el
momento aquel y mi conclusión fue que hubiera preferido que no se diera.
...
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