viernes, 26 de diciembre de 2014

Anhedonia (*)

Mes evocador.

Todos tenemos nuestro lado oscuro y muchas veces nos juzgan por eso, pero si eres famoso y tienes algo de carisma, tu lado oscuro queda al margen y llueven los elogios.

Algo así pasa con Woody Allen, actor, guionista y director de varias películas que ya son catalogadas como obras maestras y no podría estar más de acuerdo con eso. Annie Hall y Match Point quedarán grabadas en mi retina como las películas que muestran la versatilidad de Allen al momento de hacer una comedia agridulce que te deja esa sensación de haber visto algo inmejorable y terminar con la contradicción de querer un final feliz sabiendo que el encanto de la película está en su final melancólico y poco romántico.... Y luego mandarse con un drama, cargado de tensión, suspenso y el infaltable cinismo, propio del ser humano. Cuesta creer que ambas historias hayan salido de la misma persona y eso es perfecto.

Una lástima que no pueda separar las facetas de las personas y termine mezclando todo, finalmente, ese todo influye en lo que uno es, lo que uno hace y lo que queda de uno cuando abandona el mundo de los mortales. Y la sombra que se cierne sobre Woody Allen es una que no puedo omitir y que hace que olvide lo entrañable que es Alvy Singer y su imposible historia de amor, lo encantador y calculador que resulta Chris Wilton, personaje salido del cerebro de Woody y tantas otras cosas que hacen del clarinetista un genio....

Decidí, hace poco menos de un año, que no volvería a ver ni una sola película de Woody Allen, perfectamente consciente de que me estoy perdiendo de cosas que valen la pena.... La locura se puso cuerda.

(*) Un nuevo neologismo arbitrario coming soon....

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