Asistir a eventos de los llamados
culturales, tiene sus ventajas: conoces
gente medianamente interesante, tomas uno que otro vino decente, te
ganas con escritores guapos, ves a Magali Luque tocando el cello y todo resulta
lindo, interesante, fascinante…. Hasta que te cruzas con uno de esos imbéciles
vestidos con sacos de pana (y sus respectivos parchecitos en los codos), lentes
de montura gruesa y una incipiente barba (eso en el mejor de los casos, en la
mayoría es pelusa nomás) que se sienten amos del mundo en estas actividades y
que la gente común y corriente los denomina “intelectuales”.
Una podría decir que se los omite
y punto, pero es un poco difícil cuando el evento en el que estás se desarrolla
en un ambiente pequeño al que todavía no le asignaron un aforo, aunque igual no
les hagan caso, y es inevitable no toparte accidentalmente con uno de ellos (señorita, no me empuje, ¡estoy pasando!),
escucharlo dando su opinión a un despistado sobre lo maravilloso que fue X
asunto (es que tendrías que haber estado,
fue realmente neurálgico, ¡casi catártico!) para que luego te enteres que
se trataba de una función de circo.
Aguantaría esa mierda si no fuera
por la voz cojuda que tienen todos, la entonación más falsa que he oído en mi
vida y que me provoca tirones en los músculos faciales.
Hoy, hasta el solipsismo me hace
rabiar.

Kurt Cobain estaría extasiado con tu "Draw" http://www.youtube.com/watch?v=bOZTF71MGzA
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